Esta es la historia de un periodo muy breve de la vida de ella. No puede (ni debe) creerse que este periodo define su vida, tampoco que la desenmascara tal como es. Es más, ni siquiera podría decirse que se le conoce a ella por conocer esta historia. Podrías encontrarla, topártela por la calle hoy mismo y no la reconocerías por las palabras escritas entre estas dos pastas. No podrías abordarla y saludarla como si fuera conocida tuya. Tampoco podrías suponer que sabes qué pasó con su vida después del final de esta historia. Te lo puedes imaginar, eso sí, proyectar el futuro de ella como te plazca. Y es que ella, debo aclarar, no es un personaje. Es real. De carne y hueso. Una mujer que vivió esta historia.
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sábado, 29 de septiembre de 2018
18/02/2011
Esta es la historia de un periodo muy breve de la vida de ella. No puede (ni debe) creerse que este periodo define su vida, tampoco que la desenmascara tal como es. Es más, ni siquiera podría decirse que se le conoce a ella por conocer esta historia. Podrías encontrarla, topártela por la calle hoy mismo y no la reconocerías por las palabras escritas entre estas dos pastas. No podrías abordarla y saludarla como si fuera conocida tuya. Tampoco podrías suponer que sabes qué pasó con su vida después del final de esta historia. Te lo puedes imaginar, eso sí, proyectar el futuro de ella como te plazca. Y es que ella, debo aclarar, no es un personaje. Es real. De carne y hueso. Una mujer que vivió esta historia.
viernes, 28 de septiembre de 2018
Poema del 27 de junio del 2011
¿En qué momento
pasé a ser sólo la sombra
el acompañamiento
acallé la voz
dejé que todos
hablaran
callando mi voz
porque era demasiado alta
demasiado aguda
demasiado distinta
para ser oída?
En este momento
donde la fuente
el verbo
la acción
son requeridos.
¿De dónde el valor
si ya no hay espejo,
nadie continúa ahí detrás
y para mí
la fuente se ha callado?
¿De dónde las palabras
de dónde el corazón
para reunir estos pedazos
sin lo que queda detrás?
Olvida el orgullo
sin paciencia
noche y día...
El vacío del hueco
la dendrita calcificada
los recuerdos vueltos presentes
sobre el no sé nada.
Me recompuse
porque me enseñé
a pensar de nuevo
paso a paso
fui mi maestra
y me dije los pasos.
Los repetí sin disciplina
ni siquiera creyendo
que fuera posible el cambio
Una sola queja
un solo desliz
me queda un recuerdo
de la felicidad ajena
que era mía
pero me propuse
que no lo fuera.
Así la vida
en su silencio
te lleva lejos
pasando del principio
hacia la tarde
del lleno
hacia el barranco
del vacío
a la templanza.
No queda nada
cuando eres adulto
no queda nada
mas que reconstruirte.
Acaso la infame escasa felicidad
que llegas a recibir
del juego de las letras
una contra la otra...
pero es vano
y se te escapa todo el tiempo.
Eliges, piensas, sientes
entre cómo eras antes
o como te imaginabas ser.
¿Cómo se lidia con
el paraíso perdido
si no es cargando tu peso
una y otra vez
para la enseñanza del futuro
de los que vienen?
Y así
yo me enseñé
de nueva cuenta a ser
para poder abrir los ojos
cada mañana.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Adaptación teatral de El mal de la muerte de Marguerite Duras
El mal de la muerte
EL HOMBRE desfallece
sobre el sexo de ella. LA OTRA MUJER lo observa. Poco a poco, la mano de EL
HOMBRE llega al sexo de LA OTRA MUJER, la acaricia. LA OTRA MUJER deja de
observarlo. El ritmo de los dedos de EL HOMBRE sigue los de la cadera de LA
OTRA MUJER. LA OTRA MUJER grita. De inmediato EL HOMBRE para y le tapa la boca.
EL HOMBRE
No grite.
LA OTRA MUJER
Ya no gritaré.
LA MUJER
Jamás de ahora en adelante ninguna otra gritará por usted.
LA OTRA MUJER
Cuánta felicidad.
EL HOMBRE vuelve
a taparle la boca bruscamente.
EL HOMBRE
Esas cosas no se dicen.
LA OTRA MUJER
Ya no lo diré.
LA OTRA MUJER se
para de la cama, envuelta en su sábana blanca.
LA OTRA MUJER
¿Ellos sí hablan de esto?
EL HOMBRE
No.
LA OTRA MUJER
¿De qué hablan?
EL HOMBRE
Hablan de todo lo demás, hablan de todo, excepto de esto.
LA OTRA MUJER ríe
y vuelve a acostarse en la cama. Se queda dormida. EL HOMBRE se para, da una
vuelta a la cama. Imperceptiblemente, conforme se acerca a la ventana, comienza
a llorar y sale a la terraza.
LA MUJER
No sabe qué contiene el sueño de ésa que está en la cama. De ese cuerpo
quisiera usted alejarse, quisiera volver a los cuerpos de los demás, al suyo,
volver hacia usted mismo y a la vez es precisamente por tener que hacerlo por
lo que llora.
EL HOMBRE entra
al cuarto de nuevo y observa a LA OTRA MUJER dormir. Se acuesta en el suelo al
pie de la cama. LA OTRA MUJER se despierta y se sienta en la cama.
LA OTRA MUJER
¿Es el ruido del viento?
EL HOMBRE asiente.
LA OTRA MUJER vuelve a dormir. EL HOMBRE se levanta y se pone en cuclillas a un
lado de LA OTRA MUJER. Levanta la sábana con cuidado y le acaricia los pechos,
los ojos. LA OTRA MUJER se despierta.
LA OTRA MUJER
El mal se apodera siempre más de usted, se ha apoderado de sus ojos, de
su voz.
EL HOMBRE
¿Qué mal?
LA OTRA MUJER
Todavía no sé decirlo.
Comienzan a
hacer el amor y se quedan dormidos, LA OTRA MUJER sobre EL HOMBRE.
LA MUJER
Ella estaría siempre dispuesta, quisiéralo o no. Precisamente sobre esto
usted nunca sabría nada. Ella es más misteriosa que todas las evidencias
exteriores que usted jamás ha conocido hasta ahora.
Al quedarse
dormidos, LA MUJER continúa.
LA MUJER
Alta. Ella habría sido alta. El cuerpo habría sido esbelto, hecho de una
sola vaciada, de una vez como por Dios, Él mismo, con la perfección indeleble
del accidente personal.
EL HOMBRE se
despierta. Con mucho cuidado, observa y recorre el cuerpo desnudo de LA OTRA
MUJER.
LA MUJER El cuerpo no tiene defensa alguna. Incita al estrangulamiento,
a la violación, las vejaciones, los insultos, los gritos de odio, el
desencadenamiento de las
pasiones cabales, mortales.
EL HOMBRE
Usted debe ser muy hermosa.
LA OTRA MUJER se
despierta y lo observa.
LA OTRA MUJER
Estoy aquí, mire, estoy ante usted.
EL HOMBRE
No veo nada.
LA OTRA MUJER
Procure ver, está incluido en el precio que ha pagado.
EL HOMBRE toma
el cuerpo, mira sus diferentes espacios, le da la vuelta, le da otra vez la
vuelta, lo mira, lo mira otra vez. Renuncia. Renuncia. Deja de tocar el cuerpo.
LA MUJER
Hasta esta noche usted no había entendido cómo se puede ignorar lo que
ven los ojos, lo que tocan las manos, lo que toca el cuerpo.
EL HOMBRE
No veo nada.
LA OTRA MUJER se
queda dormida. EL HOMBRE la despierta.
EL HOMBRE
¿Es una prostituta?
LA OTRA MUJER
niega con un gesto.
EL HOMBRE
¿Por qué aceptó el contrato de las noches pagadas?
LA OTRA MUJER
Porque en cuanto me habló vi que le invadía el mal de la muerte. Durante
los primeros días no supe nombrar ese mal. Luego, más tarde, pude hacerlo.
EL HOMBRE
Repita esas palabras.
LA OTRA MUJER
Mal de la muerte.
EL HOMBRE
¿Cómo lo sabe?
LA OTRA MUJER
Lo sé. Lo sé sin saber cómo lo sé.
EL HOMBRE
¿En qué el mal de la muerte es mortal?
LA OTRA MUJER
En que el que lo padece no sabe que es portador de ella, de la muerte.
También en que estaría muerto sin vida previa a la que morir, sin conocimiento
alguno de morir a vida alguna.
LA OTRA MUJER se
vuelve a quedar dormida.
LA MUJER
Se diría que descansa de una fatiga inmemorial. Usted se ha olvidado del
color de sus ojos, así como del nombre que usted le dio la primera noche. Pero
esto no es la frontera infranqueable entre ella y usted. No, no el color, sino
la mirada.
Mientras está
diciendo esto, el hombre pone atención a LA MUJER. LA OTRA MUJER se ha
despertado y mira al hombre. Al terminar de hablar LA MUJER, el hombre mira a LA
OTRA MUJER que se ha sentado a sus espaldas y grita.
LA OTRA MUJER
Pronto será el fin, no tema.
EL HOMBRE la
levanta con un solo brazo. Comienza a besarla, a besarle los pechos y sus aréolas.
Ella se deja hacer sin moverse.
EL HOMBRE
Diga la palabra.
LA OTRA MUJER lo
mira impasible.
EL HOMBRE
¡Dígala! Diga mi nombre.
LA OTRA MUJER
sonríe.
EL HOMBRE
Diga el nombre.
LA OTRA MUJER se
vuelve a quedar dormida.
LA MUJER
El espíritu aflora siempre a la superficie del cuerpo, lo recorre por
entero, y de tal manera que cada una de las partes de ese cuerpo es por sí sola
testigo de su
totalidad, la mano y los ojos, el abombamiento del vientre y el rostro,
los pechos y el sexo, las piernas y los brazos, la respiración, el corazón, las
sienes y el sino.
Mientras LA
MUJER enumera, el hombre sale a la terraza y comienza a sollozar. Regresa a la
alcoba. Se tiende al lado de LA OTRA MUJER y sigue llorando. La luz del alba
entra por la terraza. EL HOMBRE prende las lámparas y observa a LA OTRA MUJER.
EL HOMBRE
En los lugares del sol del verano, en los lugares abiertos, ofrecidos a la vista.
EL HOMBRE apaga
las lámparas.
EL HOMBRE
Ella debería morir. Si ahora, en este momento de la noche ella muriera,
sería más fácil... para mí…
LA MUJER
Descubrir su poder infernal, la abominable fragilidad, la debilidad, la
fuerza invencible de la debilidad sin par.
Comienza a
llover. EL HOMBRE sale a la terraza.
EL HOMBRE (desde la terraza)
Si a esta hora ella muriera, sería más fácil hacerla desaparecer de la
faz de la tierra,
arrojarla a las aguas negras, bastarían unos minutos para arrojar un
cuerpo de ese peso a la mar creciente...
LA MUJER
...con el fin de eliminar de la cama ese olor hediondo de heliotropo y
cidro.
EL HOMBRE entra
a la habitación. Parece como que ya no reconoce la alcoba.
LA OTRA MUJER
¿Cuántas noches pagadas aún?
EL HOMBRE
Tres.
LA OTRA MUJER
¿No ha querido nunca a una mujer?
EL HOMBRE
No, nunca.
LA OTRA MUJER
¿No ha deseado nunca a una mujer?
EL HOMBRE
No, nunca.
LA OTRA MUJER
¿Ni una sola vez, ni un solo instante?
EL HOMBRE
No, nunca.
LA OTRA MUJER
¿Nunca? ¿Nunca?
EL HOMBRE
Nunca.
LA OTRA MUJER
Es raro un muerto. ¿Y mirar a una mujer, no ha mirado nunca a una mujer?
EL HOMBRE
No, nunca.
LA OTRA MUJER
¿Usted que mira?
EL HOMBRE
Todo lo demás.
LA OTRA MUJER se
despereza, sonríe y vuelve a dormirse. EL HOMBRE cierra los ojos. Cuando los
vuelve a abrir, se acuesta junto a LA OTRA MUJER. La observa detalladamente.
Observa el lugar del corazón.
LA MUJER
Es ahí, en ella, donde se cultiva el mal de la muerte. Esa forma
desplegada ante usted decreta el mal de la muerte.
EL HOMBRE
comienza a acariciar el cuerpo de LA OTRA MUJER. No deja de mirarla. Comienza a
acariciar el sexo. LA OTRA MUJER tiene ligeros estremecimientos. Sus párpados
tiemblan pero no se abren. La boca se abre como si quisiera decir. El goce se apodera de LA OTRA MUJER y la levanta del
lecho. Luego cae, inerte, los ojos cerrados. EL HOMBRE cierra los ojos. Se
cubre en el cuerpo de LA OTRA MUJER y comienza a llorar.
LA MUJER
Podría salir de la alcoba, alejarse del cuerpo...
LA OTRA MUJER se
despierta con el llanto del hombre. Mira al HOMBRE y mira la alcoba. Le
acaricia la mano al HOMBRE.
LA OTRA MUJER
¿Por qué llora?
EL HOMBRE
Usted debe saber por qué lloro. Usted es quien debiera saberlo.
LA OTRA MUJER
Porque usted no ama.
EL HOMBRE
Así es.
LA OTRA MUJER
¿Nunca?
EL HOMBRE
Nunca.
LA OTRA MUJER
El deseo de estar a punto de matar a un amante, de guardarlo para usted,
para usted solo, de poseerlo, de robarlo contra todas las leyes, contra todos
los imperios
de la moral, ¿no lo conoce, no lo ha conocido nunca?
EL HOMBRE
Nunca.
LA OTRA MUJER
Es raro un muerto. ¿Ha visto el mar? ¿Ya es de día?
EL HOMBRE
Despunta el día, pero en esta época del año es muy lento en invadir el
espacio que ilumina.
LA OTRA MUJER
¿De qué color es el mar?
EL HOMBRE
Negro.
LA OTRA MUJER
El mar nunca es negro. Debe estar confundido.
EL HOMBRE
¿Cree que es posible que la ame?
LA OTRA MUJER
No se puede de ninguna manera.
EL HOMBRE
¿Por culpa de la muerte?
LA OTRA MUJER
Sí, por culpa de esa insipidez de esa inmovilidad de su sentimiento, por
culpa de esa mentira al decir que el mar es negro.
LA OTRA MUJER se
acuesta para dormir. EL HOMBRE la despierta.
EL HOMBRE
Hable más.
LA OTRA MUJER
Entonces, hágame preguntas, por mí misma no puedo.
EL HOMBRE
¿Es posible que la pueda amar?
LA OTRA MUJER
No. Poco antes usted tuvo ganas de matarme cuando volvió de la terraza y
entró por segunda vez en la habitación. Lo comprendí en mi sueño por su mirada
sobre mí. ¿Por qué?
EL HOMBRE
No puedo saber por qué. No tengo la inteligencia de mi mal.
LA OTRA MUJER
Es la primera vez. No sabía antes de conocerlo que la muerte podía
vivirse. Usted anuncia el reino de la muerte. No se puede amar la muerte si le
viene impuesta desde
fuera.
LA OTRA MUJER y LA MUJER
Usted cree llorar por no amar. Usted llora por no imponer la muerte.
LA OTRA MUJER
Va usted a morir de muerte. Su muerte ha comenzado ya.
EL HOMBRE llora.
LA OTRA MUJER
No llore, no merece la pena, deje esta costumbre de llorar por usted
mismo, no merece la pena.
LA OTRA MUJER se
acuesta a dormir. Entra una luz solar sombría al cuarto.
LA OTRA MUJER
Aún dos noches pagadas, pronto se acabará esto.
Con la mano LA
OTRA MUJER le acaricia los ojos al hombre. Se queda dormida burlándose.
EL HOMBRE
El amor siempre me ha parecido fuera de lugar, no he comprendido nunca,
siempre he evitado amar, siempre he querido ser libre de no amar. Estoy
perdido. No sé de qué, en qué estoy perdido.
LA MUJER
Usted cuenta la historia de un niño.
LA OTRA MUJER
Deje de mentir. Espero no saber nunca nada de la forma en que usted,
usted sí sabe, por nada del mundo. No quisiera saber nada de la forma en que
usted, usted sí sabe,
con esa certeza que proviene de la muerte, esa monotonía irremediable,
igual a sí misma cada día de su vida, cada noche, con esa función mortal de la
falta de amar. Ya es de día, todo va a empezar, excepto usted. Usted, usted no
empieza nunca.
LA OTRA MUJER
vuelve a dormirse.
EL HOMBRE
¿Por qué duerme, de qué fatiga debe descansar? Monumental.
LA OTRA MUJER
levanta la mano y le acaricia el rosto y la boca al hombre. Vuelve a dormirse
burlándose.
LA OTRA MUJER
Usted no puede comprender ya que es usted quien hace la pregunta. Así
también descanso de usted, de la muerte.
LA MUJER
Usted continúa la historia del niño, la grita.
EL HOMBRE
No sé toda la historia del niño, de mí. He oído contar esa historia.
LA OTRA MUJER
sonríe.
LA OTRA MUJER
Yo también he oído y leído muchas veces esa historia, en todas partes,
en muchos libros.
EL HOMBRE
¿Cómo podría surgir el sentimiento de amar?
LA OTRA MUJER
Quizás de un fallo repentino en la lógica del universo. Por ejemplo de
un error. Nunca por quererlo.
EL HOMBRE
¿El sentimiento de amar podría surgir de otras cosas aún? Dígamelo.
LA OTRA MUJER
De todo, de un vuelo de pájaro nocturno, de un sueño, del sueño de un
sueño, de la cercanía de la muerte, de una palabra, de un crimen, de uno, de
uno mismo, de pronto sin saber cómo. Mire.
LA OTRA MUJER
abre las piernas. EL HOMBRE observa.
EL HOMBRE
Era ahí, la noche negra.
LA MUJER y EL HOMBRE
Es ahí.
LA OTRA MUJER
Ven.
Comienzan a
hacer el amor. EL HOMBRE la penetra y comienza a llorar.
LA OTRA MUJER
Tómame para que todo quede consumado.
Terminan de
hacer el amor. Los dos quedan dormidos. LA OTRA MUJER se levanta y se va.
El cantante de muertos de Antonio Ramos Revillas
El cantante de muertos
Camino a la compra me topo calaveras de azúcar, me encantan, mi hijo las prefiere de chocolate, mi hija está estudiando el sistema óseo en la escuela, se mide la cabeza, me muestra sus deditos extendidos: "Así, mami, así mide mi cráneo." Ella sabe que es pequeño, yo sé que es frágil. Me aterro.
Tomo entre mis manos la novela de Ramos Revillas. Afuera transcurre el paisaje carretero pero entre las manos tengo a un niño que comienza a hablar con la temida insistencia y perseverancia que solo un niño tiene. Es un personaje obsesionado con la figura de su padre. Entiéndanme, yo soy gente de teatro. En el escenario estudiamos los más terribles y crueles parricidios, pero aquí es un niño el que alza la voz. La voz del narrador protagonista de Ramos Revillas me desconcierta. Es un niño pero ya vive con una obsesión de adultos.
"Mi padre le cantaba a los muertos," abre la novela. Mandamiento # 1: Comenzarás tu novela con una frase que incendie la mente de tus lectores. Mandamiento #2: Tu frase inicial deberá contener toda tu novela. ¿No me creen? Revisen los estantes de la literatura que permanece a pesar de los siglos.
Este niño comienza a forjar su voz. No es solamente el odio-pavor-atracción que le presenta la profesión alterna de su padre, cantarle a los muertos, es el hecho de que este niño a través de la palabra comienza a develar la coloración de toda su vida. ¿Realista? Naturalista, diría yo. Son las decisiones de nuestros padres aquello que nos arma la vida. Es decir, cuando nacemos ya todo está decidido.
El padre del protagonista de esta novela le canta a los muertos. Este niño no tiene opción sobre su destino. Toda la novela entonces se vuelca en descifrar aquello que ya fue escrito para nosotros en las acciones y decisiones que nuestros padres y abuelos tomaron en sus manos.
Canción tras canción, capítulos de la novela, Ramos Revillas acciona sobre el lector para irle revelando un secreto familiar. Lo que se calla en la primera generación será una prohibición para la segunda y la tercera heredará una interrupción, un vacío, una cañada... eso pasa en la novela. Este niño resiente la profesión de su padre como una carga genética de la quisiera sacudirse y no acaba de entender por qué. Las indagaciones lo van llevando hacia su pasado familiar, a hurgar en la herida con torpeza, no sabe que sus acciones sólo están perpetuando el fantasma que su abuelo se impuso sobre sí mismo en pago de una enorme culpa.
Oh, sí, la culpa es la musa de nuestro protagonista. No les extrañe, Ramos Revillas ha estudiado a su Rulfo, debe tenerlo en edición de lujo junto a su máquina de escribir (miento, porque él a diferencia de mí es joven y debe escribir por computadora). Ramos Revillas escribe sobre este nuestro querido y tan herido país. Ramos Revillas se sabe heredero de una tradición narrativa mexicana. Le interesa dar pasos pero es tan listo como para no adelantarse y perder el camino. Campo, camino seco, muertos que nos hablan al oído ... Insisto sobre México: sólo a nosotros se nos ocurre cantarle a los muertos y vivir apestados por eso. sólo al abuelo de un protagonista de novela mexicana se le antoja cargarse un saco ajeno lleno de muerte para expiar una culpa que ni siquiera le corresponde y peor aún, heredárselo a su hijo. Pareciera que los personajes mexicanos tuvieran ese deber de limpiar culpas ajenas a costa del desgaste de la propia vida. Graban en su frente la palabra "inutilidad" para marcar el rumbo de sus acciones.
Así el padre de nuestra protagonista, no se cuestiona, hereda, le canta a los muertos y la gente lo desprecia por ello. El niño que observa su destino grabado en la guitarra que ha pasado de generación en generación se fascina, se enoja, reniega, rompe las cuerdas. Esa es la historia que leerán. Un niño que ha decidido romper una guitarra porque no puede entenderla.
Luego Ramos Revillas regresa al pasado, donde una abuela obsesionada con leer y disfrutar de la nota roja parece explicar a este niño los por qués de los movimientos de vida de sus antepasados. Las mujeres de la novela son así: a través de lo que les sucede los hombres, accionadores, se explican a sí mismas. La enfermedad, la muerte, la solidaridad, el maltrato, el abandono, el desgaste, en el universo de Ramos Revillas son los hombres quienes observan las señales de los latidos femeninos para descifrarlas como estrellas, lejanas, inexplicables.
Al centro de este libro hay un feminicidio (ahora está clasificado, enmarcado por leyes, palabra que en nuestro país los legisladores se han encargado de enfrentar así, por lo escrito). ¿Es tan homicida el que permite que se lleve a cabo el asesinato a nombre del deseo como el que se ensucia las manos? Ésa parece ser la pregunta a resolver en esta indagatoria y la muerte, como un vestido de novia sacado de una película de Kusturica, se cuelga de los hombros de sus observadores para no soltarlos.
Escuchar los deseos de los muertos es un don divino. Se hereda por decisión propia y por ello mismo se cose lado a lado con la culpa. El protagonista termina su historia enfrentado a su presente desangelado. Quien termine de leer la novela de Ramos Revillas y crea que las acciones del protagonista a lo largo de toda la novela han servido para limpiarse de la carga ancestral que lo apesadumbraba desde niño está muy equivocado y leyó otra novela. Todas las acciones del protagonista en su indagatoria sobre su dolor no le sirven para librarse de él. Antes al contrario, lo profundizar,, lo anclan a sus nervios, lo hincan esposado y de ojos vendados a la herencia que le corresponde.
Ramos Revillas evita los pensamientos sencillos o simplificados sobre la muerte, en realidad el despedir a nuestros difuntos a través de la música, de acuerdo a su visión, no tiene que ver con la alegría o la simpatía supuesta que siente el mexicano ante la muerte. Lejos de expresara a través del canto,se trata de un enfrentamiento, no como popularmente se les hace creer, al menos en las guías de turistas, sobre todo a los extranjeros.
[PROMETO TRATAR DE ENCONTRAR EL FINAL DE ESTE TEXTO, LEÍDO EN LA FERIA DEL LIBRO Y LA LECTURA DE MORELIA EN EL 2012)
Camino a la compra me topo calaveras de azúcar, me encantan, mi hijo las prefiere de chocolate, mi hija está estudiando el sistema óseo en la escuela, se mide la cabeza, me muestra sus deditos extendidos: "Así, mami, así mide mi cráneo." Ella sabe que es pequeño, yo sé que es frágil. Me aterro.
Tomo entre mis manos la novela de Ramos Revillas. Afuera transcurre el paisaje carretero pero entre las manos tengo a un niño que comienza a hablar con la temida insistencia y perseverancia que solo un niño tiene. Es un personaje obsesionado con la figura de su padre. Entiéndanme, yo soy gente de teatro. En el escenario estudiamos los más terribles y crueles parricidios, pero aquí es un niño el que alza la voz. La voz del narrador protagonista de Ramos Revillas me desconcierta. Es un niño pero ya vive con una obsesión de adultos.
"Mi padre le cantaba a los muertos," abre la novela. Mandamiento # 1: Comenzarás tu novela con una frase que incendie la mente de tus lectores. Mandamiento #2: Tu frase inicial deberá contener toda tu novela. ¿No me creen? Revisen los estantes de la literatura que permanece a pesar de los siglos.
Este niño comienza a forjar su voz. No es solamente el odio-pavor-atracción que le presenta la profesión alterna de su padre, cantarle a los muertos, es el hecho de que este niño a través de la palabra comienza a develar la coloración de toda su vida. ¿Realista? Naturalista, diría yo. Son las decisiones de nuestros padres aquello que nos arma la vida. Es decir, cuando nacemos ya todo está decidido.
El padre del protagonista de esta novela le canta a los muertos. Este niño no tiene opción sobre su destino. Toda la novela entonces se vuelca en descifrar aquello que ya fue escrito para nosotros en las acciones y decisiones que nuestros padres y abuelos tomaron en sus manos.
Canción tras canción, capítulos de la novela, Ramos Revillas acciona sobre el lector para irle revelando un secreto familiar. Lo que se calla en la primera generación será una prohibición para la segunda y la tercera heredará una interrupción, un vacío, una cañada... eso pasa en la novela. Este niño resiente la profesión de su padre como una carga genética de la quisiera sacudirse y no acaba de entender por qué. Las indagaciones lo van llevando hacia su pasado familiar, a hurgar en la herida con torpeza, no sabe que sus acciones sólo están perpetuando el fantasma que su abuelo se impuso sobre sí mismo en pago de una enorme culpa.
Oh, sí, la culpa es la musa de nuestro protagonista. No les extrañe, Ramos Revillas ha estudiado a su Rulfo, debe tenerlo en edición de lujo junto a su máquina de escribir (miento, porque él a diferencia de mí es joven y debe escribir por computadora). Ramos Revillas escribe sobre este nuestro querido y tan herido país. Ramos Revillas se sabe heredero de una tradición narrativa mexicana. Le interesa dar pasos pero es tan listo como para no adelantarse y perder el camino. Campo, camino seco, muertos que nos hablan al oído ... Insisto sobre México: sólo a nosotros se nos ocurre cantarle a los muertos y vivir apestados por eso. sólo al abuelo de un protagonista de novela mexicana se le antoja cargarse un saco ajeno lleno de muerte para expiar una culpa que ni siquiera le corresponde y peor aún, heredárselo a su hijo. Pareciera que los personajes mexicanos tuvieran ese deber de limpiar culpas ajenas a costa del desgaste de la propia vida. Graban en su frente la palabra "inutilidad" para marcar el rumbo de sus acciones.
Así el padre de nuestra protagonista, no se cuestiona, hereda, le canta a los muertos y la gente lo desprecia por ello. El niño que observa su destino grabado en la guitarra que ha pasado de generación en generación se fascina, se enoja, reniega, rompe las cuerdas. Esa es la historia que leerán. Un niño que ha decidido romper una guitarra porque no puede entenderla.
Luego Ramos Revillas regresa al pasado, donde una abuela obsesionada con leer y disfrutar de la nota roja parece explicar a este niño los por qués de los movimientos de vida de sus antepasados. Las mujeres de la novela son así: a través de lo que les sucede los hombres, accionadores, se explican a sí mismas. La enfermedad, la muerte, la solidaridad, el maltrato, el abandono, el desgaste, en el universo de Ramos Revillas son los hombres quienes observan las señales de los latidos femeninos para descifrarlas como estrellas, lejanas, inexplicables.
Al centro de este libro hay un feminicidio (ahora está clasificado, enmarcado por leyes, palabra que en nuestro país los legisladores se han encargado de enfrentar así, por lo escrito). ¿Es tan homicida el que permite que se lleve a cabo el asesinato a nombre del deseo como el que se ensucia las manos? Ésa parece ser la pregunta a resolver en esta indagatoria y la muerte, como un vestido de novia sacado de una película de Kusturica, se cuelga de los hombros de sus observadores para no soltarlos.
Escuchar los deseos de los muertos es un don divino. Se hereda por decisión propia y por ello mismo se cose lado a lado con la culpa. El protagonista termina su historia enfrentado a su presente desangelado. Quien termine de leer la novela de Ramos Revillas y crea que las acciones del protagonista a lo largo de toda la novela han servido para limpiarse de la carga ancestral que lo apesadumbraba desde niño está muy equivocado y leyó otra novela. Todas las acciones del protagonista en su indagatoria sobre su dolor no le sirven para librarse de él. Antes al contrario, lo profundizar,, lo anclan a sus nervios, lo hincan esposado y de ojos vendados a la herencia que le corresponde.
Ramos Revillas evita los pensamientos sencillos o simplificados sobre la muerte, en realidad el despedir a nuestros difuntos a través de la música, de acuerdo a su visión, no tiene que ver con la alegría o la simpatía supuesta que siente el mexicano ante la muerte. Lejos de expresara a través del canto,se trata de un enfrentamiento, no como popularmente se les hace creer, al menos en las guías de turistas, sobre todo a los extranjeros.
[PROMETO TRATAR DE ENCONTRAR EL FINAL DE ESTE TEXTO, LEÍDO EN LA FERIA DEL LIBRO Y LA LECTURA DE MORELIA EN EL 2012)
domingo, 12 de agosto de 2018
Flor de Liz, Luz of my Light
sábado, 11 de agosto de 2018
Fragmento de un guión de cine sobre lo femenino
Empezada en Mérida, 1999
-------
AURORA, embarazada, remoja los pies en agua. Entra Matilde.
AURORA
Vaya.
MATILDE
¿Qué?
AURORA
Al fin desocupas el baño.
MATILDE
No exageres.
AURORA
En serio. Ya se enfrió mi agua.
MATILDE
Te traigo más.
AURORA
Gracias.
MATILDE
¿Cómo estás?
AURORA
Se quedó dormida.
MATILDE
¿Éstas son sus pastillas?
AURORA
Sí.
MATILDE
¿Cuándo tiene cita con el doctor?
AURORA
Mañana a las diez.
MATILDE
Voy a ir con ella.
AURORA
No. Voy a ir yo.
MATILDE
Pero puedo ir yo ¿no?
AURORA
Haz lo que quieras.
MATILDE
Ay, ya, Aurora, vamos las dos.
AURORA
Como quieras.
MATILDE
¿La tratan bien?
AURORA
Le hacen lo de rutina.
MATILDE
Pero el consultorio... ¿está bien?
AURORA
Ay, Matilde, mañana lo ves.
MATILDE
¿Tú vas con ese doctor?
AURORA
No. Sí, sí voy con él.
MATILDE
Yo jamás dejaría que un doctor me hiciera eso.
AURORA
¿Qué tiene? Es un doctor, ¿o no?
MATILDE
Preferiría ir con una doctora. Ella sabría qué es lo hace. Después de todo, antes sólo había parteras, ¿no?
AURORA
Ay, Matildita, Matildita...
MATILDE
¿Dónde anda aquél?
AURORA
Yo qué sé.
MATILDE
Hace días que no viene, ¿verdad?
AURORA
No me importa.
MATILDE
¿Qué es lo que lo espantó? ¿Tu embarazo? ¿O lo de mamá?
AURORA
Cállate, Matilde.
MATILDE
"Cállate, Matilde."
AURORA
Pásame la toalla, ¿quieres?
MATILDE
Toma. ¿Te seco? Con esa barrigota no te has de ver ni los pies.
AURORA
Ay, pateó, pateó. Ven, toca aquí. ¿Lo sientes?
MATILDE (cariñosa)
Hola, moco de porquería... Órale, sí patea fuerte.
AURORA
Me despierta por la noche.
MATILDE
¿Qué va a pasar, Aurora?
AURORA
Mañana le dicen si la operan.
MATILDE
Le ha de doler mucho, ¿verdad? Si no, no tomaría tantas pastillas.
AURORA
Sí.
MATILDE
¿Y cómo le van a hacer? Cuando nazca el niño.
AURORA
Otra patada. Ven, siente.
MATILDE
Este chamaco ya se quiere salir para conocerme, ¿verdad?
AURORA
Ay, pipi, pipí...
Sale AURORA.
MATILDE
Ay, Aurora tan meona...
AURORA
No te burles, ya te veré algún día...
MATILDE
No, no, yo de pensar en el parto, me muero. Prefiero vivir con anticonceptivos toda la vida.
(onírico) No ovular mas que a voluntad. Ignorar ese ciclo maldito que me condena. Todos los días 5, 6 y 7 o 6, 7 y 8 o 4, 5 y 6 de cada mes. Todos los meses. No nadar. No coger. No. Sangro cada mes desde hace tantos años, y el mes que no sangre, no lo quiero ni pensar. Si tocaras esa sangre, sabrías que es sangre lista para la brujería. Es tan limpia.
Aparece una MUJER CON SOMBRERO que se acerca a MATILDE, una de sus manos llena de sangre.
MATILDE
No, no quiero. ¡Aurora! Ven, rápido...
AURORA
¿Otra vez hablando sola?
La MUJER CON SOMBRERO va a la ventana y mira hacia afuera.
MATILDE
No. Había... estaba una mujer... pero no...
AURORA
¿Oíste? Es mamá... ya se despertó.
-------
AURORA, embarazada, remoja los pies en agua. Entra Matilde.
AURORA
Vaya.
MATILDE
¿Qué?
AURORA
Al fin desocupas el baño.
MATILDE
No exageres.
AURORA
En serio. Ya se enfrió mi agua.
MATILDE
Te traigo más.
AURORA
Gracias.
MATILDE
¿Cómo estás?
AURORA
Se quedó dormida.
MATILDE
¿Éstas son sus pastillas?
AURORA
Sí.
MATILDE
¿Cuándo tiene cita con el doctor?
AURORA
Mañana a las diez.
MATILDE
Voy a ir con ella.
AURORA
No. Voy a ir yo.
MATILDE
Pero puedo ir yo ¿no?
AURORA
Haz lo que quieras.
MATILDE
Ay, ya, Aurora, vamos las dos.
AURORA
Como quieras.
MATILDE
¿La tratan bien?
AURORA
Le hacen lo de rutina.
MATILDE
Pero el consultorio... ¿está bien?
AURORA
Ay, Matilde, mañana lo ves.
MATILDE
¿Tú vas con ese doctor?
AURORA
No. Sí, sí voy con él.
MATILDE
Yo jamás dejaría que un doctor me hiciera eso.
AURORA
¿Qué tiene? Es un doctor, ¿o no?
MATILDE
Preferiría ir con una doctora. Ella sabría qué es lo hace. Después de todo, antes sólo había parteras, ¿no?
AURORA
Ay, Matildita, Matildita...
MATILDE
¿Dónde anda aquél?
AURORA
Yo qué sé.
MATILDE
Hace días que no viene, ¿verdad?
AURORA
No me importa.
MATILDE
¿Qué es lo que lo espantó? ¿Tu embarazo? ¿O lo de mamá?
AURORA
Cállate, Matilde.
MATILDE
"Cállate, Matilde."
AURORA
Pásame la toalla, ¿quieres?
MATILDE
Toma. ¿Te seco? Con esa barrigota no te has de ver ni los pies.
AURORA
Ay, pateó, pateó. Ven, toca aquí. ¿Lo sientes?
MATILDE (cariñosa)
Hola, moco de porquería... Órale, sí patea fuerte.
AURORA
Me despierta por la noche.
MATILDE
¿Qué va a pasar, Aurora?
AURORA
Mañana le dicen si la operan.
MATILDE
Le ha de doler mucho, ¿verdad? Si no, no tomaría tantas pastillas.
AURORA
Sí.
MATILDE
¿Y cómo le van a hacer? Cuando nazca el niño.
AURORA
Otra patada. Ven, siente.
MATILDE
Este chamaco ya se quiere salir para conocerme, ¿verdad?
AURORA
Ay, pipi, pipí...
Sale AURORA.
MATILDE
Ay, Aurora tan meona...
AURORA
No te burles, ya te veré algún día...
MATILDE
No, no, yo de pensar en el parto, me muero. Prefiero vivir con anticonceptivos toda la vida.
(onírico) No ovular mas que a voluntad. Ignorar ese ciclo maldito que me condena. Todos los días 5, 6 y 7 o 6, 7 y 8 o 4, 5 y 6 de cada mes. Todos los meses. No nadar. No coger. No. Sangro cada mes desde hace tantos años, y el mes que no sangre, no lo quiero ni pensar. Si tocaras esa sangre, sabrías que es sangre lista para la brujería. Es tan limpia.
Aparece una MUJER CON SOMBRERO que se acerca a MATILDE, una de sus manos llena de sangre.
MATILDE
No, no quiero. ¡Aurora! Ven, rápido...
AURORA
¿Otra vez hablando sola?
La MUJER CON SOMBRERO va a la ventana y mira hacia afuera.
MATILDE
No. Había... estaba una mujer... pero no...
AURORA
¿Oíste? Es mamá... ya se despertó.
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miércoles, 25 de julio de 2018
Escribir
Las palabras de mis manos no son mías.
No se parecen a las palabras que hablo.
Son hilos de madejas ancladas en mi corazón
y algunas veces alcanzan fuego.
Entonces se convierten en regalos.
Ese es mi don.
Y es lo único que puedo regalar porque no es mío.
Siempre fue tuyo.
No se parecen a las palabras que hablo.
Son hilos de madejas ancladas en mi corazón
y algunas veces alcanzan fuego.
Entonces se convierten en regalos.
Ese es mi don.
Y es lo único que puedo regalar porque no es mío.
Siempre fue tuyo.
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